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Marti por siempre!!

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miércoles, 4 de abril de 2012

Nueva Esperanza: El PCC. Por Eliecer Avila

Nueva Esperanza: El PCC

martes 3 de abril de 2012

El PCC

El Partido Comunista de Cuba no sólo es responsable de la difícil situación en la que vivimos la mayoría de los cubanos, sino que es también el principal obstáculo para el desarrollo del presente y el futuro de la nación.
La corrupción, el burocratismo, la muela vacía y la mentira constante, son los pilares que sustentan este sistema y es iluso pensar en eliminar esos males manteniéndolo, porque la única manera de resolverlo sería suprimir el “socialismo-comunismo” como única y obligada forma de pensamiento en Cuba. En este punto miles de cubanos que no piensan del mismo modo que su gobierno actual, podrían proponer nuevas formas de hacer las cosas en nuestra sociedad, que para nada tienen que ser las de “antes del 59”. Y que estarían mucho más a tono con lo que la mayoría de la gente piensa y desea que se hagan actualmente... ya que el gobierno ha dejado claro que no va a hacer lo que la gente quiere, sino lo que a ellos mismos le parece mejor, en aras de garantizar su permanencia en el mando.
Cuando se analiza con detenimiento cada rama de la actividad económica y social cubana nos damos cuenta, en primer lugar, de que todo, absolutamente todo, anda mal. Y de lo segundo que nos damos cuenta es que el factor común que se repite en todos los casos es que cada actividad es “orientada, guiada y controlada”, por el PCC.
Son miembros del Partido todos los cuadros que dirigen en el país, esos mismos que se equivocan a diario, ocasionando graves problemas a la población, pero que mientras sigan asumiendo una posición obediente y sumisa con el Partido, tendrán eternamente la posibilidad de dirigir, sea en una rama o en cualquier otra, sabiendo algo de lo que se supone que dirijan o no: eso no importa, lo único que importa es que digan estar “comprometidos con la revolución”.
Esto de la “ideología” es lo más engañoso e innecesario que se ha inventado jamás. No hace falta para nada aferrarse a una ideología “comunista” ni a algo parecido para ser un hombre o mujer ejemplar en cualquier sociedad normal.
Si usted desea ser un excelente ciudadano, un excelente dirigente e incluso un excelente presidente de cualquier país, basta con actuar consecuentemente con los valores humanos que nos enseñan nuestros abuelos: una correcta educación formal, una inteligencia adecuada y sobre todo una voluntad sincera para actuar por el bien de tu pueblo. Dentro de estas sencillas directrices entra absolutamente todo lo bueno y lo noble.
En los “debates” que pude ver en la Mesa Redonda sobre la conferencia del Partido, un alto dirigente que presidía alguna comisión, expresaba sentirse “profundamente preocupado” por el hecho de que miles de jóvenes cubanos con excelentes condiciones humanas y profesionales no quieren ingresar a la Juventud Comunista. Como si fuera un atributo obligatorio para ser un ciudadano digno, íntegro y revolucionario de verdad, el ser “comunista”. La cuestión está en que todo este tiempo es precisamente eso lo que han hecho creer a los jóvenes de este país. La verdad es que casi ninguno tiene claro ni siquiera de qué se trata ese asunto del comunismo, pero como dicen que los comunistas son los buenos de la película, pues es ahí donde se debe estar y sobre todo para que no te pongan en el bando de los malos, porque si no eres comunista o revolucionario a su manera, no les va a importar cuán bueno seas en todo lo demás: serás de los malos y no podrás aspirar a ser parte de nada importante en Cuba. Asimismo, si eres vago, irresponsable, hablador de porquería, deshonesto, etc.: no importa, si dices que eres comunista y revolucionario a su manera, estarás en el bando de los buenos y de los que pueden llegar a ser flamantes cuadros dirigentes del país y tus pecados serán perdonados las veces que sea necesario.
Con esta situación durante tantos años es lógico que tengamos gente en la máxima dirección del país que no sabe ni articular palabras completas y que se nota a la legua que sólo está ahí para tapar un hueco.
Por otra parte, usted no puede hablar de eliminar la corrupción en un sistema cuyo único incentivo para trabajar es precisamente este. Desde un simple cocinero en una escuela o un gerente en el mejor hotel o un administrador de cualquier empresa, hasta un cuadro del Partido, todos, esperan obtener beneficios adicionales para su vida y la de su familia a costa de la actividad que realizan (el sistema tampoco les deja otra opción).
Si alguien quiere comprobar hasta qué punto la corrupción sustenta este modelo de sociedad, que quite aunque sea imaginariamente este fenómeno un solo día en un municipio del país y verá como colapsa completamente.
Mi mente no da para abarcarlo todo, pero por ejemplo, si mañana no hubiera corrupción en Puerto Padre, morirían por falta de atención médica varios pacientes en el hospital, porque los médicos y las enfermeras no podrían viajar desde sus casas a las instalaciones de salud, al no haber camiones de transporte en la carretera, sin el petróleo que se roban algunos dirigentes de las instituciones estatales. Además miles de personas se quedarían sin comer, porque ya se les acabaría la cuota de la bodega y no tendrían dinero para comprar más comida y como mañana no habrá corrupción, no se la podrán robar de sus centros de trabajo. Pero no sólo no tendrán comida, porque al no poder vender el aceite y la harina que iban destinados a las panaderías, tampoco podrán vestirse, ni construir sus viviendas, ni apoyar a la “revolución”. También podríamos embullarnos y en vez de un día, estar un mes sin corrupción, en este punto los dirigentes (sobre todo los políticos, que dependen de lo que les dan los administrativos) ya estarían bastante flacos, no tendrían fuerzas ni estarían de humor para agitar banderitas y empezarían a renunciar en masa, no sólo a sus cargos, sino a sus “inquebrantables convicciones”.
Mucha gente no ha pensado en esto, pero yo sé que los principales dirigentes si están claros de que la inmensa mayoría de los que los defienden a ultranza, de algún modo, están enganchados a alguna de las tetas del sistema y ese es su mayor negocio, porque saben lo mala que está la vida para los cubanos que no tienen teta de donde tomar leche fresca y abundante.
También es verdad que incluso muchos de los que viven de la corrupción institucionalizada prefirieran vivir de otra manera, obtener las cosas en correspondencia con su trabajo y rango social e intelectual y así no deberle nada a nadie ni vivir con el susto en el cuerpo, pero en este sistema “comunista” eso no es posible. Éstos que están conscientes de que esa realidad a la larga trae consigo que jamás podamos tener un buen país no tendrían problemas en darle la última patada en el trasero a este sistema si supieran que de verdad se va a acabar. Pero mientras tanto, prefieren seguir agitando las banderitas, manteniendo a sus familias y hasta con suerte, viajando un poquito para traer algo de bienestar del brutal extranjero.
Creo también que la inmensa mayoría de los miembros rasos y algunos dirigentes, son gente buena y trabajadora que se montaron en la ola en algún momento de sus vidas como me pasó a mí y a tantos más y han permanecido con ese compromiso a cuestas, del cual no es tan simple desprenderse sin consecuencias. Yo he conocido excelentes científicos y apasionados profesores que pertenecen al Partido. La vocación de estos buenos hombres no tiene que ver con la política, pero si no fueran del Partido, no pudieran participar de proyectos importantes ni llegar a ser personalidades reconocidas en su terreno, por tanto, según su enfoque, les conviene llevar el brazalete rojo como llave de acceso permanente a puertas que no se abren a todos, sino sólo a “gente de confianza”.
Raúl afirmó recientemente: “Las modificaciones que hoy realiza el país para la actualización del modelo económico están encaminadas a preservar el socialismo, fortalecerlo y hacerlo verdaderamente irrevocable.”
A mi juicio, eso significa hacer irrevocable la corrupción, el burocratismo, la muela vacía y la mentira constante. Y entre más demore el pueblo en darse cuenta, más difícil será cambiar las cosas. Más difícil será reconstruirnos todos.

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