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La Hora en Cuba

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Marti por siempre!!

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jueves, 20 de mayo de 2010

CUBA: R CON R CIGARRO, R CON R BARRIL, RAPIDO CORREN LOS CARROS, POR LA LINEA DEL FERROCARRIL

EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

Estaciones intermedias.

http://cruzarlasalambradas.wordpress.com/2010/05/20/estaciones-intermedias/?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter


Tenía que llegar hasta la Habana y ya lo iba a intentar cuando me informaron de la reclusión domiciliaria. Para evitar tropiezos pospuse el viaje hasta ayer. Cometí el suicidio de subirme a un tren de servicio llamado “regular” en Cuba. Fueron dieciocho horas desde San Germán a La Habana que pensé no terminarían nunca.


Entre los mosquitos, cucarachas y el calor de más de treinta grados volví a pasar el mar por el fondo.


A los que no vivimos en estaciones terminales sino en las intermedia, no nos venden boletos a La Habana casi nunca ya que sólo asignan una decena por cada viaje, y si a eso le sumamos que en esta ocasión venían dos vagones llenos de militares del MININT y las FAR para sus escuelas, y otro más con deportistas a la Olimpiada del deporte que el estado se ha inventado para sí, entonces las posibilidades de llagar a tu destino son dos: o espera a que pasen las “transportaciones masivas” o te subes a expensa de cualquier cosa:


En este caso opté por la segunda. Me subí, pagué el pasaje con recargo (el doble del importe), pero ni modo no conseguí asiento por cien pesos. Entonces me senté en el piso como muchos más en cada vagón y entre dormitando y apartando los mosquitos pasé algunas de las dieciocho horas más infaustas de mi vida.


En este tren no hay agua por eso incluí en mi mochila una botella plástica para por si acaso. Los alimentos que venden han sido elaborados como promedio diez horas antes y para colmo el viaje se vuelve un tropel de vendedores furtivos huyendo de la policía ferroviaria o los inspectores.


Por cada minuto que se atrasa en cada estación donde tiene parada, habrá que esperar luego a darles cruce y prioridad a otros. Quise encontrar una cara de ejecutivo, hombre de negocios o ‘cuadro del partido comunista’ pero no la hallé, los que viajamos apretujados en tren somos lo que eufemísticamente alguien llamó “el hombre nuevo”. Somos ese estorbo para la sociedad que nos tiene que subvencionar incluso una aventura en tren, como la que les cuento, nosotros los que no sabemos vivir, como han dicho los del discurso nacional, sin “Papá Estado”.


Este, mi viaje a la Habana fue la mejor manera de estrenar al nuevo Ministro de Transporte, alguien que ni soñando se subiría un minuto al calvario de un tren de servicio regular. Estoy seguro.

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