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Marti por siempre!!

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viernes, 20 de enero de 2012

Como ese viejo podrá dormir con tantos muertos a su haber. Wilmar Villar otra víctima del castrismo

Muere en huelga de hambre disidente condenado a 4 años de cárcel

Según Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, se trata de Wilman Villar, de 31 años, quien pertenecía desde el pasado septiembre a un grupo llamado Unión Patriótica de Cuba. Fue detenido el 14 de noviembre de 2011 cuando participaba en una protesta.

Fue encarcelado en la prisión de Aguadores (diariodecuba.com)

EL UNIVERSAL

jueves 19 de enero de 2012  11:38 PM

La Habana.- El disidente cubano Wilman Villar murió hoy en un hospital de la ciudad oriental de Santiago de Cuba tras una huelga de hambre que inició en prisión al ser condenado en noviembre a cuatro años de cárcel, informaron a Efe fuentes familiares y de la oposición interna.

Según Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), Wilman Villar, de 31 años, pertenecía desde el pasado septiembre a un grupo llamado Unión Patriótica de Cuba, que se creó a mediados de 2011 y que lidera el expreso político José Daniel Ferrer, destacó la agencia EFE.

Villar fue detenido el 14 de noviembre cuando participaba en una protesta de ese grupo en la localidad oriental de Contramaestre, donde residía, y días después, según la CCDHRN, se le sometió a un "juicio sumario" por delitos de desacato y atentado a la autoridad, por lo que recibió una condena de cuatro años de prisión.

Fue encarcelado en la prisión de Aguadores y allí comenzó una huelga de hambre en protesta por su condena.

Fuentes familiares y opositoras explicaron que su salud se fue deteriorando progresivamente y el pasado viernes fue trasladado al hospital clínico quirúrgico Juan Bruno Zayas de Santiago de Cuba donde falleció poco antes de las siete de la noche hora local por una "sepsis generalizada" y neumonía, según notificaron a su familia.

La CCDHRN considera que el Gobierno de Cuba "tiene toda la responsabilidad moral, política y jurídica" por la muerte "evitable" de Wilman Villar ya que se encontraba bajo la custodia del Estado.

Elizardo Sánchez comparó este caso con el del preso político Orlando Zapata, que falleció en febrero de 2010 tras una larga huelga de hambre en la cárcel.

Aunque la condena de Wilman Villar fue bajo cargos de desacato y atentado a la autoridad, la CCDHRN considera que estaba preso por motivos políticos.


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jueves, 19 de enero de 2012

Una piedra en el camino...

Los ingleses usaron una piedra falsa para espiar a Rusia

Jueves 19 de Enero de 2012 15:15:34 | Lo confesó un ex funcionario, avergonzado por lo burdo del sistema y lo fácil que fue para los rusos descubrir el ardid.

En lo que parece sacado de un guión de película de espías y agentes secretos, Reino Unido reconoció que intentó espiar a Rusia en el 2006 a través de un dispositivo oculto en una gran piedra falsa colocada en un parque de Moscú.


La información la dio a conocer en la cadena británica BBC Jonathan Powell, antiguo jefe de Gabinete del primer ministro Tony Blair (1997-2007). El ex funcionario dijo que "lo de la piedra fue de vergüenza". "Nos descubrieron totalmente. Claramente lo sabían desde hacía tiempo, pero se lo guardaban para usarlo con fines políticos", admitió.

En ese momento, el Gobierno del presidente Vladimir Putin, difundió en enero de ese año por la televisión nacional una filmación aparentemente hecha por cámaras ocultas en las que se veía a un hombre reducir el paso al lado de la piedra y a otro recogiéndola, para después volverla a depositar en la tierra.

Blair, en ese entonces primer ministro, se negó a comentar la cuestión y el gobierno británico nunca confirmó las afirmaciones rusas citando su política de no discutir cuestiones de inteligencia.

Sin embargo Powell dijo en un documental difundido el jueves que espías británicos habían sido sorprendidos "con las manos en la masa". "No hay mucho que se pueda decir. Uno no puede limitarse a decir 'Lo siento mucho y no volverá a suceder'", se avergonzó.

Según la BBC, el Gobierno ruso difundió la información justo antes de introducir una polémica ley para restringir la financiación de las organizaciones no gubernamentales, con el pretexto de que los espías británicos pagaban a grupos de derechos humanos.

Tras este suceso, las relaciones entre el Reino Unido y Rusia se tensaron aún más, sobre todo a raíz de la muerte en Londres del ex espía ruso Alexandre Litvinenko en noviembre de ese año, supuestamente envenenado por agentes secretos rusos con material radiactivo.

Desde Rusia, afirmaron que los funcionarios británicos y sus contactos rusos habían usado computadoras de bolsillo para cargar y descargar informaciones ocultas en la roca a medida que pasaban junto a ella, un proceso que funcionaba a una distancia de hasta 20 metros (65 pies) y solo requería de uno a dos segundos.

El entonces presidente ruso, Vladimir Putin, decidió no expulsar a los diplomáticos británicos involucrados –lo usual cuando son descubiertos-, aduciendo que Gran Bretaña solamente enviaría a agentes más capaces para reemplazarlos.

Rusia aprovechó el episodio para justificar nuevas restricciones a las organizaciones no gubernamentales y acusó a Gran Bretaña de ofrecer fondos a organizaciones de derechos humanos en un esfuerzo por provocar descontento.

La falta de colaboración de Rusia en la investigación llevó a la ruptura de las relaciones diplomáticas, hasta que en septiembre del año pasado el primer ministro británico, el conservador David Cameron, viajó a Moscú para relanzar la relación.

Para quién trabajas que te molesto tanto?

De policías y ciudadanos

by Regina Coyula

foto: OLPL


Un fotógrafo aficionado amigo mío, se llevó el otro día el disgusto de su vida. Sentado en las inmediaciones del puente de La Lisa, tomaba fotos con el fondo fijo y objetos movibles delante. Vio venir un hombre vestido de civil hacia él que mientras se acercaba le preguntaba:

--¿De dónde tú eres?

Mi amigo, previsor, guardó la cámara y se puso de pie. --Cubano. Como tú.-- La pregunta que siguió fue la que lo desconcertó:

--Sí, pero ¿para quién trabajas?

Mi amigo le iba a contestar, pero se dio cuenta de que estaba siendo interrogado por un civil, así que le ripostó

--No

man, ¿para quién trabajas tú que estás haciendo tantas preguntas?

--¡no me digas

man!

Descompuestísimo, el tipo le enseñó el fugaz fragmento de un carné donde mi amigo avistó las letras DSE. Aquí todo el mundo sabe qué son esas siglas. En represalia por la osadía de mi amigo de cuestionar su autoridad, intimidatorio, le tomó todos los datos del carné de identidad.

Cuando me hizo el cuento, más molesto que preocupado (también; mi amigo trabaja en una dependencia del estado), quería saber si aquel tipo tenía derecho a pedirle su identificación a pesar de ser notorio que no fotografiaba nada prohibido.

--En primer lugar, como te gusta la fotografía, puedes tirar fotos en cualquier lugar donde no esté expresamente prohibido. Expresamente se entiende por un cartel visible. Y en segundo lugar, por desgracia, en Cuba la autoridad está facultada para pedir identificación sin un motivo específico. Pero --y aquí es donde entra la mezcla de ignorancia y prepotencia que tienen muchos de esos individuos—si no va de uniforme, está en la obligación de identificarse correctamente, extendiendo incluso su carné al interesado si este lo requiriera para establecer su identidad como agente del Ministerio del Interior.

Le explicaba aquello a pesar de que no conozco un solo caso de alguien que sea interceptado por la policía política y se cumpla esta formalidad. Muchos policías, lo mismo de uniforme que de civil maltratan a la ciudadanía ignorante de sus derechos. Recién he visto en el Observatorio Crítico la foto de un joven golpeado por tres policías, sólo por reclamar un trato respetuoso. Y ahí lo grave. Cuando exiges, se aplica la violencia, verbal --o física como en este último penoso caso-- como respuesta.

A mí la parte del cuento que más me gustó fue para-quien-trabajas. La pegunta permite especular por dónde andan las "orientaciones" de los agentes de la autoridad en estos tiempos de tecnología.


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Solo es Maestro quie sea un Evangelio Vivo. Felix Varela

¿Crisis del sistema educacional cubano? by ajudicuba


Lic. Veizant Boloy.

 Leí hace unas semanas un artículo en el Periódico

Granma, titulado "Estados Unidos, adiós a la educación pública", por un periodista de California, en el que refleja en síntesis que uno de los problemas más graves de Estados Unidos es el sistema público de educación.

Resulta evidente que el motivo que compulsó a publicar este artículo a la prensa cubana, es desprestigiar el sistema educacional de ese país, aún cuando nuestra educación está lejos de acercarse a la imagen que se ha querido dar al mundo.

Los profesionales que hoy se gradúan en nuestras Universidades no cuentan con todas las herramientas para ejercer su profesión. Respecto a la educación primaria, base del conocimiento, es generalmente impartida por profesores llamados "emergentes", que no han obtenido la formación ni poseen la vocación necesaria para educar.

Los padres con recursos, con el objetivo de fortalecer el conocimiento que sus hijos reciben en la escuela, contratan profesores y repasadores particulares, nueva figura autorizada entre las actividades para ejercer por cuenta propia.

A una amiga que adquirió licencia para esta actividad, no le fue exigido título alguno como requisito.

Lo que llamó mi atención es que según la Resolución 33/2011 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, sobre el trabajo por cuenta propia, existen algunas actividades que son controladas por órganos y entidades nacionales como por ejemplo, la oficina del Historiador de la Ciudad en la supervisión de las figuras costumbristas, el Ministerio del Transporte a los transportistas; sin embargo no es una prioridad que el Ministerio de Educación controle la labor de repasadores particulares, o al menos verifique si están capacitados en determinada materia para impartirla.

A los cubanos se nos ha enseñado que

el socialismo es bueno y el capitalismo es malo. Ya sufrimos las consecuencias de la mediocridad, cuando apreciamos un pueblo incapaz de conocer sus derechos y mucho menos exigirlos.

La Constitución Cubana preceptúa en su

artículo 51 el derecho a la educación gratuita, pero indudablemente la situación actual demuestra, que nuestro sistema educacional está en crisis. A pesar de sus "licenciados" en educación.


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martes, 17 de enero de 2012

La Isla del Nunca Jamás Para que La juventud cubana sepa

La Isla del Nunca Jamás | Diario de Cuba

EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

La Isla del Nunca Jamás


Rehenes y apátridas. De cómo Fidel Castro acabó con el derecho del pueblo cubano de entrar y salir del país. El período 1959-1980.

Fotograma del filme 'Memorias del subdesarrollo', de Tomás Gutiérrez Alea: decomiso de relojes y sortijas a los que abandonan el país. (MANUEL ZAYAS)

El 9 de enero de 1959, el autoproclamado "gobierno provisional de la Revolución" se sacó de la manga una ley para controlar los movimientos de los ciudadanos cubanos al extranjero, una medida inconstitucional que fue el preámbulo de las que vendrían después y que regularían y eliminarían de tajo el derecho a la libre circulación.

Sancionada hace 53 años bajo el título de "Vigencia de pasaportes", la Ley No. 2 decía: "Es necesario a los propios efectos y principios de la Revolución, evitar que personas comprometidas con el régimen anterior, autores de delitos comunes traten de abandonar el territorio nacional con el fin de evadir la acción de la justicia, dictándose al efecto las medidas oportunas para evitar que así suceda".

A los pocos días, aquella disposición fue enmedada por la Ley No. 18, y obligaba a lo siguiente: "Todo ciudadano cubano poseedor de Pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga trasladarse al extranjero, deberá obtener una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional". [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

Bajo el pretexto de impedir la evasión de criminales del régimen de Fulgencio Batista, toda la población cubana pasó a ser sospechosa de colaboracionismo. Al jefe de la policía se le otorgó una autoridad desconocida hasta entonces, la de autorizar (o no) los viajes al extranjero. (Estaban exentos de esa autorización los portadores de pasaportes diplomáticos emitidos después del 6 de enero de 1959.)

A ojos vista, la medida era contraria a la Constitución de 1940 que, en su Artículo 30, consagraba como un derecho fundamental la libertad de circulación. "Toda persona podrá entrar y permanecer en el territorio nacional, salir de él, trasladarse de un lugar a otro y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte u otro requisito semejante, salvo lo que se disponga en las Leyes sobre inmigración y las atribuciones de la autoridad en caso de responsabilidad criminal".

Y continuaba ese artículo constitucional: "A nadie se obligará a mudar de domicilio o residencia sino por mandato de autoridad judicial y en los casos y con los requisitos que la Ley señale. Ningún cubano podrá ser expatriado ni se le prohibirá la entrada en el territorio de la República".

La Ley No. 2 fue aprobada por el Consejo de Ministros, con el presidente Manuel Urrutia a la cabeza. Sin cargo alguno en aquel primer gabinete gubernamental, pero con gran apoyo popular, Fidel Castro ejercía un poder a la sombra de aquellos ministros. Según un decreto de Urrutia, Castro ostentaba el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire.

Las promesas del gobierno provisional de celebrar elecciones y de reinstaurar el orden constitucional —quebrantado con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952— cayeron en saco roto. Disuelto el Congreso y el Senado, el Consejo de Ministros quedó como única instancia legislativa: el 7 de febrero de 1959 sancionó la Ley Fundamental, que derogó la anterior Carta Magna, inservible desde los primeros días de enero.

Entre las principales modificaciones: se instaura la pena de muerte con efectos retroactivos para criminales y cómplices del anterior régimen (antes estaba contemplada solo para delitos militares en tiempos de guerra y proscrita para delitos políticos), se aprueba la confiscación de bienes a esas personas y para los autores de "delitos contrarrevolucionarios" y con fines sociales . El habeas corpus, garantía jurídica de libertad del individuo frente a las detenciones arbitrarias, fue suspendido por 90 días.

Pese a todas las modificaciones, el Artículo 30 de la Constitución de 1940 fue mantenido intacto. La Ley Fundamental seguía reconociendo la libertad de circulación como un derecho del pueblo cubano aunque, en la práctica, el ejercicio de ese derecho estaba truncado por la decisión de una maquinaria policial, facultada ahora para autorizar los viajes al exterior.

Los conflictos dentro del propio gobierno llevaron a José Miró Cardona a presentar su dimisión como primer ministro. Desde el 17 de febrero lo sustituiría Fidel Castro. Pocos meses después, las tensiones seguían. Entonces Castro presenta su dimisión, argumentando que el presidente Urrutia demoraba la firma de las nuevas leyes revolucionarias.

Forzado a renunciar por las protestas populares de respaldo a Castro, el 17 de julio Urrutia dejó su puesto como presidente. Su cargo como representante del Estado lo ocuparía Osvaldo Dorticós. Fidel Castro seguiría al frente del gobierno.

Una ley trampa

Los usos que se le dió a la Ley No. 2 excedieron los mismos límites de esa disposición. Se trataba, en efecto, de una ley trampa. Paradójicamente, dos de los antiguos miembros del primer gabinete del gobierno provisional y votantes de aquella ley, también serían víctimas de su aplicación. Solo obtendrían garantías para abandonar el territorio cubano después de solicitar asilo en las embajadas latinoamericanas en La Habana.

Ese fue el caso del ex primer ministro Miró Cardona, quien el 5 de junio de 1960 se refugió en la embajada de Argentina, y también el del ex presidente Urrutia, que en abril de 1961 se asiló en la de Venezuela. Tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana, Urrutia fue trasladado a la delegación diplomática de México, donde permaneció hasta 1963 a la espera de un salvoconducto que le permitiera salir del país.

El asilo político quedaba como único garante de la libertad de circulación. Con la nacionalización de la prensa en 1960, José Ignacio Rivero, dueño del conservador Diario de la Marina, debió refugiarse en la embajada de Perú. Temía que el "entierro simbólico" con el que se proclamó la muerte de su periódico se tradujera en una muerte real. La suya, claro está. Por su parte, Miguel Ángel Quevedo, propietario de la revista Bohemia, buscó refugio en la delegación venezolana.

En septiembre de 1960, los consulados cubanos recibieron una orden del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se les instaba a contactar con los ciudadanos bajo su jurisdicción para que regresaran a la Isla. Quienes se nieguen, serán catalogados como "contrarrevolucionarios".

Así le sucedió por aquella fecha al escritor Severo Sarduy, becado en París, cuando comunica su intención de no regresar. Su hermana Mercedes Sarduy recuerda: "A partir de este momento es considerado un traidor contrarrevolucionario (adjetivos con los que 'acuñaban' a todo aquel que no viviera en Cuba o que no simpatizara con el sistema)".

El escritor viviría su propio limbo jurídico. En 1963, según su hermana, Severo Sarduy "tiene problemas con la renovación de su carta de residencia francesa y posteriormente, con la prórroga de su pasaporte cubano que quedó en un limbo, para siempre, entre las paredes del consulado cubano en Francia. Nunca se lo devolvieron".

Algo similar le ocurrió a la cantante Celia Cruz. Su pasaporte fue cancelado en octubre de 1960 por funcionarios del consulado cubano en México. Dos años después, las autoridades diplomáticas que debían representarla le negarán autorización para que pueda entrar a Cuba. Celia Cruz no podrá viajar a La Habana para asistir a los funerales de su madre.

En la mañana del 5 de agosto de 1961, los periódicos cubanos —ya bajo control del gobierno— anunciaron el cambio obligatorio de billetes, una medida que se había mantenido en el mayor secreto y que se haría efectiva en las siguientes 48 horas (6 y 7 de agosto). Debajo de los grandes titulares de la noticia, se podía leer : "Cerrado el país a la entrada del exterior durante esos dos días" (diario Hoy) y "Prohíben entrar al país durante esos dos días" (diario Revolución).

El Muro de Fidel Castro

En 1961, tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE UU, y unos días antes del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el Máximo Líder proclamó el carácter socialista de la revolución. Para entonces, Castro ya tenía militarizado el país entero. Controlaba la administración de la justicia y cada institución civil. Había acabado con los partidos políticos, y nacionalizado la enseñanza, la prensa, la banca y las grandes empresas. Era el administador supremo del terror revolucionario.

El 5 de septiembre de 1961, el dictador amenazó con algo insólito: anunció que se le retiraría la nacionalidad cubana a todos los profesionales de la salud, técnicos y profesores que abandonaran el país. Esa medida draconiana había sido puesta en práctica un año atrás, pero permanecía en secreto.

El éxodo creciente de profesionales significaba una sangría para el nuevo régimen. En su discurso de clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, Castro dijo sobre los médicos: "El que en esas [estas] circunstancias abandone hoy a su enfermo, ese, ese es un miserable, a ese no le debemos dar chance nunca más de volver a este país; a esa gente hay que quitarle la ciudadanía, hay que quitarle la ciudadanía (APLAUSOS) porque esa gente algún día va a mendigar aquí, a las puertas de este país que la dejen regresar".

Y continuó: "Cuando esa gente se indigeste de yankismo y cuando esa gente esté cansada de desprecios y de malos tratos, (…) llegará el día en que vengan a tocar aquí todos esos técnicos, a las puertas de este país, ingenieros, arquitectos, médicos, profesores, vendrán a tocar a las puertas de este país, pidiendo que los dejen entrar, y ese es el momento en que nosotros tenemos que ser duros (APLAUSOS), y yo creo sinceramente, nosotros sugerimos, y somos partidarios, de que seamos duros con esa gente".

Graduado en derecho —y sin nada ni nadie que le pusiera freno—, Castro era libre para inventarse conceptos absurdos de nacionalidad. Y de ponerlos en práctica: "Es decir que a esa gente le digamos: 'No, cubano no es el que nació aquí, cubano es el que ama este país, cubano es el que lucha por este país, cubano es el que defiende este país'".

En otro momento de su discurso, el dictador volvió a retratarse : "¿Qué van a hacer?, ¿vivir en la casa que le corresponderá a un obrero? ¡No! (El público corea: '¡No!') ¿Disfrutar de las riquezas que han creado y crearán nuestros trabajadores? ¡No! (El público corea: '¡No!') Ellos no tendrán ese derecho, y ese será el castigo duro, el castigo implacable que recibirán por su traición".

Para el 28 de septiembre de 1961, el Máximo Líder se reservará sus instrucciones a la población de cómo actuar con los que se van del país, y llama a "la vigilancia en las casas", labor que deberá desempeñar cada miembro de los Comités de Defensa de la Revolución, diseminados en cada barrio.

Dijo Castro: "Los parásitos que se van a veces traen a un parientico o traen a un amiguito para la casa, y, ¡de eso nada! No señor. Hay que vigilar para cuando ya ustedes los vean vendiendo máquina, muebles, etcétera, y ya se sabe que se van, nosotros tengamos la planilla. Y esa casa —lo advertimos— será para una familia obrera. El que se mude para la casa de un parásito que se vaya, ¡que sepa que después tiene que dejar la casa! (Aplausos), el que se mude para la casa de un parásito, que esas casas son para los obreros".

Las listas negras

Al día siguiente, el 29 de septiembre de 1961, el Ministerio del Interior (MININT) dictó una disposición contraria al Artículo 30 de la Ley Fundamental. Mediante la Resolución No. 454, se implantaba el permiso de salida y los tiempos de estancia que los ciudadanos cubanos podían permanecer en el extranjero, quienes, de no regresar en los términos establecidos, serían considerados emigrantes definitivos y se procedería a confiscar todos sus bienes, sin derecho a indemnización.

Pese a las críticas a esa disposición del MININT, que no era un organismo facultado para ordenar la confiscación de propiedades, el gobierno promulgó un texto más restrictivo, la Ley No. 989 de 5 de diciembre de 1961 (vigente en la actualidad), que reglamenta "las medidas a tomar sobre los muebles o inmuebles, o de cualquier otra clase de valor, etc. a quienes abandonan con imperdonable desdén el territorio nacional".

La nueva norma estableció lo que sería el permiso de salida y el de entrada, y reguló la confiscación de bienes al emigrante definitivo, sin derecho a compensación. Aunque contraria al ordenamiento jurídico, esa ley había levantado un muro infraqueable. Todos los ciudadanos eran rehenes de un sistema totalitario. De golpe, los cubanos en terceros países comenzaron a ostentar una nacionalidad inefectiva, la del apátrida, sin derecho a residencia y tránsito en su propio país.

La huida de batistianos y de miembros de la mediana y alta burguesía, perjudicada por las nacionalizaciones, le había servido al gobierno cubano para politizar el tema migratorio y desprestigiar a la emigración cubana. La Operación Pedro Pan, que sacó del país a unos 14.000 niños, había sido utilizada por los gobiernos de Cuba y EE UU para desacreditarse mutuamente. Pero lo que no estaba dispuesto a seguir permitiendo el gobierno revolucionario era el constante éxodo, ahora de profesionales.

Después de las declaraciones públicas del dictador, el deseo de querer emigrar (o haberlo hecho) comenzó a ser vigilado como razón de Estado. Pedir un permiso de salida contemplaría la muerte civil para el solicitante, cuyo nombre comenzaría a figurar en una lista negra. Todos sus bienes pasaban a ser minuciosamente inventariados y decomisados cuando se autorizaba la salida, que podía ser demorada meses o incluso años.

En su libro Diario para Uchiram (Verbum, Madrid, 2008), la escritora cubana Julia Miranda relata la odisea que significaba querer emigrar y ofrece un retrato del momento en que llegan a inventariar su casa "cuatro de los más repulsivos personajillos creados especialmente para nosotros":

"Los intrusos abrieron sus plumas y sus libros y comenzaron a apuntar, dos de ellos en los cuartos principales, deteniéndose en medio de cada habitación para mirar con ojos devoradores cada objeto, cada detalle. (…) Entré directamente hasta la cocina donde mi madre contaba, ayudada por uno de aquellos hombres, cada platico, cada tacita, cada jarro, cada cuchara. Miré sus canas y pensé que no había derecho a obligarla a realizar aquella labor…"

Y sigue la enumeración:

"Comencé, pues, a contar y dar el número exacto de mis vestidos, faldas, blusas, ajustadores, bloomers, medias, etc. Finalmente, y después de haber terminado con todo lo de la niña, hicimos lo mismo con las sábanas, toallas, fundas, almohadas, zapatos, carteras, collares, relojes, sortijas, en fin, con todos aquellos objetos que no constituyen un mueble o aparato, pues estos ya los habían inventariado desde el principio".

Julia Miranda resume:

"Aquel día sufrimos, de modo casi irreparable, la violación de nuestro hogar y las más desagradables horas de nuestra existencia".

El Estado se consumó como institución soberana del pillaje. En un fragmento documental insertado al inicio de la película Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, puede contemplarse cómo los funcionarios de emigración obligaban a los que abandonaban el país a dejar sortijas y relojes… Se suponía que esos pequeños objetos irían, también, al Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.

Crisis migratoria y conflictos con EE UU

A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas, Cuba y EE UU seguían enlazados por vuelos comerciales. En respuesta a las nacionalizaciones de empresas norteamericanas en la Isla y hacia 1962, durante el mandato de John F. Kennedy, el embargo estadounidense contra Cuba llegó a ser casi total. En octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, el gobierno norteamericano suspendió los vuelos regulares entre las dos naciones. Ya para entonces, habían salido de la Isla más de 270.000 personas.

Molesto por la cantidad de cubanos que abandonaban el país irregularmente —lo que figuraba (y figura) como un delito penado con varios años de cárcel—, el Máximo Líder acusó a EE UU de promover la emigración ilegal.

En su alocución del 28 de septiembre de 1965, Castro dijo que la emigración ilegal era utilizada para hacer "una incesante propaganda contra la Revolución, para contar cosas terribles, tenebrosas. A ellos no les ha importado que más de uno se haya ahogado. ¡Eso les importa un bledo a los imperialistas, si les sirve para hacer propaganda!".

"Podríamos habilitar (…) el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia. Y si no puede, que se dirija entonces, la correspondencia la pueden dirigir al Ministerio del Interior, sí, para que tenga todas las garantías; y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro", aseguró.

La provocación de una emigración masiva sería la táctica del dictador para forzar a EE UU a la negociación migratoria, estrategia que emplearía también con sobrado éxito durante el éxodo del Mariel (1980) y la Crisis de los Balseros (1994).

El puente marítimo Camarioca-Florida comenzó el 3 de octubre y terminó el 15 de noviembre de 1965, cuando los dos países acordaron poner fin a la emigración ilegal y establecer lo que se conoció como los Vuelos de la Libertad (1965-1973).

En las negociaciones migratorias entre Washington y La Habana salió a relucir una cifra: en Cuba existían más de 70.000 presos políticos. La dictadura se proponía dejarlos libres y permitirles la salida. A cambio, EE UU debía lograr la liberación inmediata de todos los cubanos presos por actividades subversivas en distintas naciones latinoamericanas y asegurar su traslado al país comunista. El gobierno norteamericano declaró que no podía negociar a nombre de otros estados.

A un año del comienzo de los Vuelos de la Libertad, el Congreso de EE UU aprobó el 2 de noviembre de 1966 la Ley Pública 89-732, The Cuban Adjustment Act, también conocida como Ley de Ajuste Cubano, que permitiría a los refugiados cubanos ajustar el estatus migratorio al de residentes permanentes.

Campos de concentración y Campamentos de Apátridas

Como el Ministerio del Interior tenía noticias de qué cubano era desafecto o un apestado, se implantó el trabajo obligatorio como forma de reeducación. "El trabajo los hará hombres", era el cartel que aparecía a la entrada de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de concentración que el gobierno castrista creó el 19 de noviembre de 1965, a los pocos días de cerrarse el puerto de Camarioca.

En los tres años que duró aquel experimento, por allí pasaron unos 25.000 hombres, básicamente jóvenes en edad militar, entre los cuales había religiosos, homosexuales y hippies, los nuevos apestados del sistema totalitario. "Las alambradas, las torres de vigilancia, y los barracones son análogos a los que popularizaron Lenin, Stalin y Hitler". Son palabras del sacerdote católico Carlos Manuel de Céspedes.

Paralalemente a la creación de las UMAP, se establecieron campos de trabajo forzado en la agricultura, en régimen paramilitar, a los cuales serían enviadas las personas que manifestaban su deseo de emigrar. El trabajo agrícola era condición para otorgar el permiso de salida, y muchos de los que intentaron evadir esos trabajos eran condenados a prisión.

En 1968, en plena Ofensiva Revolucionaria, el gobierno bautizó los campos de trabajo forzado con un nuevo nombre. Los llamó Campamentos de Apátridas y los mantendría en vigor hasta mediados de los 70. Decenas de miles de cubanos pasaron por esa suerte de gulag castrista, básicamente hombres que sobrepasaban la edad del servicio militar obligatorio. A los varones entre 15 y 26 años no se les permitía emigrar. Por lo general, las mujeres sin hijos menores de 7 años eran enviadas a granjas avícolas en un régimen menos severo.

El departamento de orden público de esos campos llevaba un estricto control de cada ciudadano, y vigilaba con especial interés "los casos de homosexualidad".

En Diario para Uchiram, Julia Miranda reproduce íntegramente el Reglamento para Campamentos de Apátridas (se incluye abajo en pdf). Cito aquí fragmentos:

"La organización de los albergues será semi-militar. Los elementos se formarán por escuadras, pelotones y compañías. (…) [El jefe de brigada] llevará (…) una libreta de orden alfabético donde consten los siguientes datos: nombre y apellidos, dirección exacta, oficio, edad, si padece alguna enfermedad, y al reverso le señalará los pases otorgados, y las cortes disciplinarias a las que fue sometido [cada miembro de la brigada]. (…) Los miembros de la brigada (albergue) están obligados a desempeñar las labores a ellos encomendadas, rendimiento al máximo de productividad y calidad".

En repetidas ocasiones, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dirigió comunicados al gobierno cubano solicitando el cese de las actividades represivas contra los que se planteaban emigrar.

El régimen de La Habana siempre respondió con el silencio, y continuó despidiendo de sus puestos de trabajo a los solicitantes de permisos de salida y enviándolos a desempeñar labores agrícolas obligatorias, con excepción de los médicos, que permanecerían en constantes guardias localizables y sin derecho reconocido al descanso.

Muchos médicos pendientes de su "liberación" vivieron en esa pesadilla durante una década. Personas de otras profesiones, incluidos los funcionarios, también afrontarían serias limitaciones para emigrar.

Los apátridas

La palabra "apátrida" ha quedado como una de las formas de insulto que peor utiza la dictadura cubana para referirse a todos los nacionales identificados como contrarios a la revolución. Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de la ONU, ese término designa "a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación".

Antes de amenazar con retirar la nacionalidad, el gobierno cubano puso en ejecución —como medida de represión política— la cancelación y retirada de pasaportes a residentes en el extranjero. Si bien esos actos no dan constancia per se de que se haya producido una pérdida legal de nacionalidad, el solo hecho de no poder contar con documentación del país del que un ciudadano es originario, colocaba a la persona en un estado de indefensión jurídica, cercana a la apatridía.

El gobierno cubano nunca ha revelado cifras de a cuántos ciudadanos les retiró efectivamente la nacionalidad, abandonándolos como apátridas. Lo que sí hay constancia es del cuño de "salida definitiva" estampado en los pasaportes de los nuevos apestados. Y también de que existieron Campamentos de Apátridas para ciudadanos cubanos dentro de su propio país.

En los años 70, la CIDH se interesó por la suerte de varias personas con doble nacionalidad por nacimiento, la cubana y la estadounidense, a los que se les impedía salir del país. Después de varios años retenidos, el régimen los obligó a renunciar a la nacionalidad cubana, como requisito para autorizarles la salida.

La CIDH emitió una resolución en la que denunció el asunto como un "caso grave y reiterado de violación de los derechos de justicia y de protección contra la detención arbitraria, consagrados en los Artículos VIII y XXV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre".

Con la Constitución Socialista de 1976, el régimen se consagró a sí mismo en el poder, y estableció la discriminación como política de Estado, intentado dar viso legal a todas las arbitrariedades ejercitadas desde los tempranos días de enero del 59. El derecho de cada cubano a entrar y salir libremente de su país, se esfumó, como por arte de magia, también de la nueva Ley de leyes.

Dispuesto a superarse siempre, el gobierno de Fidel Castro quedaba facultado para inaugurar los actos de repudio televisados y la deportación de ciudadanos. Así hizo durante el éxodo del Mariel. Desde entonces, nunca les han faltado personas indefensas a las que golpear. Ni otras a las que deportar.

La gente quiere movilizarse. Eliécer Ávila

La gente quiere movilizarse | Diario de Cuba

EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

EL PENSAMIENTO PURO Y SABIO DE LA JUVENTUFD CUBANA ACTUAL SIN CENSURA

La gente quiere movilizarse

Eliécer Ávila


¿Qué actitud asumiría el gobierno si comienza una ola de manifestaciones populares? Primera parte de un artículo.

Eliécer Ávila. (CUBANOPERIODISTA.BLOGSPOT)

Hace ya algún tiempo se respira en la calle un aire diferente. Cada vez más personas, jóvenes en su mayoría, ni siquiera disimulan en su lenguaje cotidiano los deseos de movilizarse para lograr lo que necesitamos: "¡Chama!, ¿Cuándo hacemos algo serio?", me dicen algunos con rostros muy firmes…

Creo que entienden por algo "serio" alguna acción en concreto que nos ponga en pie de lucha contra el sistema. Asumo en casi todos los casos que no se refieren a una lucha armada, sino a las acciones de reclamo popular que las masas han empleado desde siempre: manifestaciones, huelgas, paros laborales, mítines y, más recientemente, toda la gama de oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para librar, a través de la red, estas "batallas".

Todas estas intenciones responden a que una buena parte de los cubanos ya ha superado la etapa en la que se hace conciencia de la necesidad de cambios urgentes y profundos en nuestra sociedad y ha alcanzado una madurez superior en la que se asume que la velocidad en la toma de decisiones, así como la implementación de las medidas gubernamentales, no se ajustan a lo que el pueblo quiere y necesita. Por tanto, es indispensable presionar con más fuerza y determinación desde una vanguardia civil.

En este contexto es razonable hacerse un grupo de preguntas: ¿Cuál es la mejor manera de comenzar un proceso mediante el cual el pueblo le exija al gobierno franca y directamente los cambios que desea? ¿Quién o quiénes deben organizar y liderar este proceso? ¿De qué forma y utilizando qué medios de comunicación? ¿Qué actitud asumiría el gobierno si comenzara en Cuba una ola de manifestaciones populares?

Para analizar estas cuestiones pudiéramos empezar por el final. Yo creo que es seguro que el gobierno tiene previsto desde siempre y de muchas maneras un posible escenario en el que ocurran levantamientos populares, ya sea en la capital o en cualquier oscuro rincón del país.

Ya alguna vez en la historia de estos más de 50 años personas de manera individual, pequeños o grandes grupos intentaron manifestarse y la respuesta siempre fue la misma. Las tácticas empleadas por el gobierno para sofocar de inmediato el desarrollo de estos eventos han sido la utilización de sus fuerzas oficiales directamente o, más comúnmente, a través de grupos organizados por ellos mismos para estos fines. O sea, para hacerles su trabajo. Pero llama la atención la magnitud de la fuerza que se emplea para enfrentar manifestaciones casi insignificantes, (exceptuando tal vez los hechos de 1994 en los alrededores del Malecón de La Habana).

Reitero entonces la pregunta: ¿Qué actitud asumiría el gobierno si comenzara en Cuba una ola de manifestaciones populares?

Muchos creen que se acabaría el teatro y la verdadera cara del gobierno militar quedaría al descubierto. Se actuaría de la misma forma que han actuado todos los regímenes totalitarios cuando han visto amenazado su poder. Los experimentos comunistas sobre todo tienen una historia común en ese sentido. Tiene que ver con el hecho de que, al estar prohibidas las manifestaciones para reclamar cualquier cosa (medida, ley, etc…), cuando se manifiestan los pueblos que viven bajo estos regímenes es porque ya el objetivo de esas manifestaciones es acabar con el sistema y dar un giro total a la situación del país.

El gobierno cubano sabe esto perfectamente. Y, aunque como es lógico se mantienen en secreto los detalles de los planes de contingencia, hay cosas que ya están claras: primeramente que el país cuenta con todo el equipamiento necesario para la lucha antimotines y ya ha hecho algunos "despliegues ensayo" donde se ha podido apreciar que la intención es prepararse para hechos de envergadura.

Hace poco pude conocer de una fuente confiable que en Puerto Padre se organizó una fuerza llamada Brigada de Infantería Terrestre. Este grupo de personas (unas trescientas, no precisamente gente culta ni preparada en su mayoría) fue movilizado por las FAR para recibir un curso teórico-práctico relacionado con la defensa; pero a la altura de la conferencia número 4, los sorprendió la presencia de un oficial del MININT que vino a impartir una clase magistral acerca de cómo reprimir manifestaciones.

La primera frase de aquel oficial entendido en la materia fue: "Ustedes han podido ver que en el mundo hay países que se están haciendo ingobernables, ¿no? Pues bien, ¡¡¡hay que gobernarlos!!!"

Seguramente se refería a los recientes hechos revolucionarios en países árabes. El oficial continuó: "aquí también puede pasar que los yanquis paguen a un grupo de gente para que salgan a la calle, y en ese momento hay que ser mas rápidos y efectivos que ellos para que no logren sus propósitos".

Es sumamente importante notar en este discurso que no se deja espacio ni opción alguna al hecho de que los cubanos, producto de la situación económica, política o social del país, se manifiesten por voluntad propia.

Según sus palabras debemos entender que no existe la posibilidad ni remota de que alguien salga a la calle a reclamar absolutamente nada, excepto, que sea pagado por los yanquis. Ese es el único caso posible.

A partir de ese punto, el maestro enseñó a los expectantes alumnos, técnicas de golpe, bloqueo, control, defensa en cordones, etc…

Esta brigada formada y entrenada en Puerto Padre actuaría en el vecino municipio de Manatí. Siguiendo este principio, si hay "líos" en Puerto Padre, vendrán de algún lugar personas entrenadas a golpearnos acá. Así se evita que la gente se conozca y el factor piedad se reduce al mínimo.


La gente quiere movilizarse (II)


¿Cuál es la mejor manera de iniciar un proceso mediante el cual el pueblo exija, franca y directamente, los cambios que desea?

Habaneros observan la detención por la policía de la líder disidente Martha Beatriz Roque Cabello. (GETTY IMAGE, 20 de marzo de 2003)

Todos los preparativos para aplastar cualquier manifestación popular que se produzca de los que hablé en la primera parte de este artículo no servirían absolutamente de nada si las autoridades cubanas no contaran con su arma fundamental: la capacidad de confundir a la gente. De poner los unos contra los otros, en defensa de los intocables.

En Cuba, la mayoría de las personas no tiene acceso a información fresca y coherente de diferentes fuentes sobre lo que sucede en el país. La mayoría vive en una agónica e infinita confusión mental, y eso no es producto de la casualidad. Así está pensado. Así está demostrado que las personas no actúan racionalmente, sino como los que las confunden quieren: eso funciona.

Por ejemplo, hace unos días pude escuchar en la televisión acerca de "los hechos de Tarará". Donde un grupo de "contrarrevolucionarios" asaltaron durante la noche un puesto fronterizo con el objetivo de robar un barco para llegar a EE UU y asesinaron a varios agentes del MININT. Los ladrones, y más aun los que están dispuestos a asesinar a seres humanos para lograr sus propósitos, son seres abominables y debe caer sobre ellos, estén del lado que estén, todo el peso de la ley. Pero sería ingenuo no notar el énfasis que al recordar el triste suceso se hace en la palabra "contrarrevolucionarios" y en ningún momento se menciona la palabra "delincuentes".

¿Será que cuando se usa la primera no es necesario usar la segunda? ¿Será que son equivalentes? No, no lo son, pero el gobierno quiere que lo sean. Porque es fundamental que cuando se hable de Yoani Sánchez o de cualquier persona que pacíficamente exprese sus ideas no acordes con la oficialidad, la gente al escuchar la palabra "contrarrevolucionario" recuerde de facto (como un acto reflejo) los hechos de Tarará y tantos otros. Y entonces, en consecuencia, grite, golpee, reprima, tire piedras… delinca.

Es por eso que todavía algunas personas se prestan para esos juegos diabólicos como son los actos de repudio; sin conocer a veces en lo más mínimo a la persona, al ser humano, que por órdenes de alguien, están repudiando. Aunque también hay que reconocer que en ocasiones puede encontrarse en esos grupos gente con antecedentes penales participando en un acto contra un ciudadano que no tiene ninguno. Pero al Estado eso no le importa, todo el que se sume a gritar es bienvenido y, a lo mejor si se exalta sobremanera hasta quedarse ronco, puede ganar un diploma.

En Cuba hay cientos, tal vez miles de cuadros del PCC y altos funcionarios administrativos, a los que se les ha probado que han robado al pueblo miles de pesos y recursos de todo tipo para su enriquecimiento personal. Han cometido estafa, falsificación y "la madre de los tomates"… Y jamás he oído que alguien les hace un acto de repudio. ¿Es que "el sensible pueblo de Cuba" no se siente amenazado por esos individuos y solo odia a muerte a los que publican artículos como este?

¿Cuáles son los verdaderos enemigos del pueblo: los que salen a la calle a exigir que se respeten sus derechos (los de todos nosotros) o los que le roban todos los días amparados y escondidos detrás de un cargo oficial?

Este tema es infinito, podría llevar a la discusión de quién es un revolucionario: el que reprime las ideas o el que las tiene y las defiende… Pero prefiero concentrarme en las preguntas que dejé sin responder en la primera parte de este artículo.

¿Cuál es la mejor manera de comenzar un proceso mediante el cual el pueblo exija al gobierno, franca y directamente, los cambios que desea? ¿Quién o quienes deben organizar y liderar este proceso?

Las dos preguntas tienen mucho que ver, por eso pienso que pueden abordarse juntas. En primer lugar, creo que todos los que de forma independiente, u organizados de alguna manera, intentan ganar un espacio (al cual siempre han tenido derecho) para poder participar de la vida pública y hacer valer sus demandas ciudadanas, son admirables y merecen respeto.

Y no dudo que los que vienen jugando un papel en este sentido desde hace años tengan un peso en los acontecimientos contemporáneos que vivimos en el país. Es más, estoy seguro de que esa influencia existe. Pero quiero llamar la atención sobre un aspecto que tal vez muchos subestiman, y que podríamos llamar "espacios cerrados".

Los espacios cerrados son aquellos escenarios donde los funcionarios del gobierno y del partido reinan a su antojo. Son felices allí, sin oposición, sin contestones, sin problemas de ninguna índole, para extenderse a su antojo hablando de cuánta cosa se les ocurra. Algunos de estos espacios vedados son las reuniones, concejos, asambleas, congresos, etc.

Un hombre del PCC, al cual respeto mucho y admiro, buen padre y amigo, que vio el video de SATS donde participé (el hijo se lo puso y lo conminó a verlo), me dijo: "Eliécer, tengo en el pecho una punzada que anoche no me dejó dormir, ¡tú me has desgraciado la vida coño! Hasta ayer yo nunca me había cuestionado lo que habíamos hecho. Tú me has hecho pensar y darme cuenta de lo mucho que nos hemos equivocado; no en una cosa ni dos, sino en casi todo. Ya yo estoy viejo y "cansao", espero que Raúl, que está más joven y saludable, se dé cuenta y haga algo. Ustedes se parecen a nosotros cuando éramos jóvenes".

¿Cómo es posible que un simple video pueda transformar una mentalidad creada con 50 años de férrea y científica propaganda? Yo creo al respecto en lo que plantea mi amigo Antonio Rodiles: "la gente tiene un raciocinio, nosotros tenemos que ser muy maduros, responsables y trabajar duro por crear verdaderas propuestas sólidas en lo económico esencialmente, pero también en lo político y lo social. Para dejarle claro a todos que existe un camino inteligente y próspero que podemos transitar, y que no es la muerte lo que obligatoriamente nos toca después del 'socialismo', como nos han hecho creer siempre".

De eso se trata. Nuestra sociedad está llena de personas inteligentes, científicos, profesores, artistas… Hombres honrados, en general, que están despertando y están dentro del sistema. Y desde ahí también se puede hacer insostenible la mentira.

Si un campesino no se deja "meter el pie" en su asamblea y reclama su derecho a producir lo que entienda conveniente para su economía familiar, exige comercializar libremente sus productos en cualquier parte del país, o del mundo y no quiere que el Estado continúe apropiándose de su trabajo, de su riqueza, a cambio de "regalarle" miserias…

Si un profesor "se planta" en su reunión y no está dispuesto a seguir trabajando como un mulo por 20 CUC al mes, pues necesita ropa, comida para su familia, medios para cultivarse, etc…

Si un deportista decide que tomar las riendas de su vida y ejercer su derecho natural de jugar o competir en los eventos que quiera, donde él quiera o tenga la posibilidad, y asume que nadie puede encarcelarlo en Cuba…

Si un periodista se para en su consejo de redacción y deja claro que nadie lo va a apartar jamás de lo que es en verdad ser un periodista. Nadie lo obligará a alabar al régimen cada día como una forma de publicar sus trabajos…

Si un estudiante no está dispuesto a que se le deforme su conciencia a base de leer "clásicos" de dos o tres personas desactualizadas. Y exige como único modelo de formación la cultura universal y los elementos que de todo el mundo se han dado sobre todas las cosas…

Si en cada "lugar cerrado" hay al menos una persona informada que no le permite a nadie ponerse a inflar globos y seguir jugando con la paciencia y burlándose de la inteligencia de la gente, retrasando y obstruyendo las soluciones definitivas de las cosas….

Si todas esas posibilidades se cumplen, los burócratas no encontrarían tan allanado su camino, quedaría destruido su medio ambiente y su especie no tendría otra opción que extinguirse... o adaptarse.

Aun cuando estamos privados en nuestro país del acceso a los medios de comunicación, aun cuando organizarse aquí sea una odisea, aun cuando el Estado gaste millones en propaganda, salarios y medios de todo tipo para evitar que la gente vea la luz, es imprescindible seguir innovando y creando soluciones de la nada para hacer lo que en definitiva importa: decirle cosas al pueblo.

Conversar con el pueblo, de frente, y siempre que sea posible sin odio en el corazón, porque el resentimiento se ve, se nota, asusta a unos cuantos y, además, quita brillo a los argumentos, que por sí mismos bastan para convencer a todo el que no esté demasiado enfermo o incapacitado para razonar.

Y a los que cada día me preguntan qué pueden hacer para ayudar, les digo que busquen incesantemente la información, que si les llega un video o un artículo, o lo que sea, lo pasen a todos los que puedan.

Que hagan grupos de amigos en los que se sienten a conversar sobre todos los temas importantes de nuestra actualidad y analicen a fondo las ideas que surgen de los jóvenes revolucionarios de hoy y los no tan jóvenes, y las comparen con las que propone el Estado, sacando por ustedes mismos sus conclusiones. Y, sobre todo, que no tengan miedo a expresar lo que sienten y piensan en ningún escenario, por muy complicado que este sea.

Les parecerá una locura o una contradicción a muchos, pero la verdad es que: lo que Cuba necesita hoy es un montón de verdaderos revolucionarios.

Termino aclarando que no se renuncia a la organización política, tan necesaria para llevar adelante las luchas cívicas en cualquier lugar y contexto. Las circunstancias dirán cuando apelar a ella.



Bajo la alfombra persa ·Yoani Sanchez

Bajo la alfombra persa · ELPAÍS.com

EL MOVIMIENTO BLOGGER, ESTA LLAMADO A SER EL CATALIZADOR MORAL DE LOS GOBIERNOS, ANTE LOS OJOS DEL MUNDO

Bajo la alfombra persa

YOANI SÁNCHEZ 17/01/2012


En un primer momento nos embargó el desconcierto y después comenzaron a emerger, por todos lados, las preguntas sobre la visita de Mahmud Ahmadineyad a Latinoamérica. Hasta el día de hoy aún no nos han llegado las certezas. Porque ese fue -sin dudas- un viaje inusual, apenas anunciado y realizado en una coyuntura internacional turbulenta en la que cualquier gesto toma connotaciones desproporcionadas, impredecibles.

Ahmadineyad ha puesto a Cuba en un punto de mira que hubiera sido más sabio evitar

Tras de sí, el líder persa nos dejó la estela de un conflicto de difícil pronóstico como el que se gesta entre Irán y varias potencias occidentales. Su estancia en La Habana nos conectó con un peligro que a pesar de mostrarse cada noche en los noticiarios, era percibido como a 1.000 millas de distancia de nuestra enmarañada cotidianidad. Con su llegada obligó al Gobierno cubano a tomar partido en público, a apurar -frente a las cámaras- la elección de un bando.

El miércoles pasado cuando Ahmadineyad bajó del avión, no había ninguna alfombra esperándolo y al pie de la escalerilla estaba el vicepresidente Esteban Lazo. En la puerta del aeropuerto José Martí ni una sola demostración de recibimiento o rechazo aguardaba por él. Tampoco se veían grupos defensores de los derechos de los gays protestando por el tratamiento a los homosexuales en Irán y la oposición interna estaba más preocupada por las detenciones policiales que por la llegada del controvertido dignatario. Tanta indiferencia debió resultarle inusual a alguien acostumbrado a despertar a su paso las más encendidas pasiones. En el aula magna de la Universidad de La Habana, rodeado de los académicos más oficiales -o de los oficiales más académicos- le entregaron un doctorado honoris causa en Ciencias Políticas que acompañó con una conferencia. En su voz sonaron sumamente paradójicos los llamamientos a buscar "un orden nuevo, una mirada nueva, que respete a todos los seres humanos", pero ninguno de los presentes levantó la mano para cuestionarlo. Tanto el aplauso final de aquella tarde como el galardón concedido recayeron sobre este hombre de ojos diminutos que podría hacer detonar la próxima guerra mundial. Raúl Castro lo recibiría unas horas después en el palacio de la Revolución para reafirmar su apoyo al programa nuclear de Teherán. Y así Ahmadineyad pudo hacerse finalmente la foto de familia con su par cubano, esa validación pública que había venido a buscar a Latinoamérica.

Sin embargo, en la instantánea de su gira por nuestro continente hay "parientes" y "parientes". Tanto Hugo Chávez como Rafael Correa pueden ofrecerle no solo apoyo político, sino también acuerdos económicos necesarios para aliviar las sanciones económicas impuestas a Irán. En tanto Cuba aparece en ese retrato familiar como el niño pequeño, sin voz ni voto, pero que aún así debe ser captado por la lente.

El plato fuerte de la estampa habanera resultó el encuentro con Fidel Castro, que fue narrado por el visitante a la prensa extranjera antes de su partida. "Ha sido motivo de gran alegría para mi ver al comandante Fidel sano y salvo", afirmó, mientras trataba con esas palabras de disolver los rumores del fallecimiento del Comandante en Jefe que recorren las redes sociales. También Ahmadineyad necesitaba este contacto diplomático para aplacar el aislamiento internacional que lo ha rodeado en los últimos meses y La Habana contribuyó a sus planes, con honoris causa incluido.

Sin embargo, en los cálculos hechos sobre su estancia entre nosotros no se tuvo en cuenta el costo negativo que esta tendría para Raúl Castro. A menos de tres semanas de comenzar la primera Conferencia Nacional del Partido Comunista, el general presidente necesitaba un escenario de mayor distensión, con menos ojos puestos sobre él. Pero de pronto el estrecho de Ormuz comenzó a latir en el mar Caribe y los cuestionamientos contra Teherán y La Habana se unieron en un solo coro. El gobernante iraní nos colocó en un punto de mira que hubiera sido más sabio evitar. A cambio de esa exposición, la prensa oficial cubana confirmaba que la visita buscaba estrechar la colaboración comercial entre ambas naciones. Intercambio que en 2007 se plasmó en la firma de acuerdos por un valor de 525 millones de euros.

Solo con el pasar de las semanas se podrá evaluar el impacto de la estancia de Ahmadineyad en nuestra región y especialmente su breve presencia en Cuba. Terminados los destellos de las cámaras, las conferencias en la universidad y los titulares en la prensa, se logrará percibir su verdadero efecto. Comprobaremos entonces si el Gobierno cubano -como el niño travieso de la fotografía- se sale del encuadre lentamente para centrarse en sus propios problemas internos. O si, por el contrario, prefiere seguir sosteniéndole la mano a Teherán, desafiar a muchos con ese abrazo y alejar con ello la vista de las dificultades nacionales.

© Yoani Sánchez / bgagency-Milán.

Reglamento para Campamentos de Apátridas

ReglamentoCA.pdf (objeto application/pdf)

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República de Cuba
Ministerio del Interior
Reglamento para Campamentos de Apátridas
La organización de los albergues será semi-militar.
Los elementos se formarán por escuadras, pelotones y
compañías.
Los jefes de pelotones serán compañeros nombrados por el
Partido, la U.J.C., el I.N.R.A. (Instituto Nacional de
Reforma Agraria) etc.
Los albergues podrán tener desde un pelotón en adelante.
En el albergue que exista un solo pelotón el jefe del
albergue será el jefe del pelotón y tendrá un Consejo de
Dirección de tres hombres, los dos restantes serán
elegidos por ellos en una reunión que se efectuará
trimestralmente.
En los campamentos donde existen más de un pelotón los
jefes de pelotones formarán un Consejo de Dirección.
Los cargos del Consejo de Dirección serán:
1.El jefe
2.Responsable de brigada
3.Responsable de orden, disciplina e higiene
De las funciones del jefe de albergue:
A-El jefe del albergue será el encargado de velar por el
buen funcionamiento, control y organización en general
del albergue.
B-Convocará y presidirá las sesiones del Consejo de
Dirección, las cuales se celebrarán una vez a la semana
ordinariamente, y extraordinariamente cuantas veces las
circunstancias lo exijan.
C-Convocarán a una reunión de carácter general que se
efectuará ordinariamente cada 15 días y
extraordinariamente cuantas veces las circunstancias lo
exijan. En dichas reuniones se discutirán los problemas
sobre la producción fundamentalmente y todas aquellas
cuestiones propias del campamento.
D-Coordinará con los organismos de la producción,
abastecimientos y Salud Pública todo lo concerniente a
las actividades y necesidades del albergue.
E-Chequeará y controlará el desarrollo y cumplimiento de
las tareas asignadas a los otros miembros del Consejo de
Dirección.
F-Velará por el más estricto cumplimiento de este
reglamento y cuantas disposiciones le lleguen de
organismos superiores.
G-Mantendrá estricto contacto con el jefe de la unidad
del D.O.P. (Departamento de Orden Público) más cercano al
cual acudirá para plantearle algún problema urgente.
H-Comunicará a la Unidad del D.O.P. a cuya demarcación
corresponda el domicilio del personal a su cargo los
casos siguientes:
1.-Ausencia injustificada que pueda catalogarse como
fuga del campamento.
2.-Todo acto grave de indisciplina, alteración, riña,
agresión etc.
3.-Los casos de homosexualidad.
4.-Cualquier otro tipo de anormalidad o falta
considerada grave.
I- El Consejo de la Corte Disciplinaria del campamento
estará compuesto por un presidente, un secretario y dos
vocales.
J-Organizar el trabajo diario de los hombres en relación
al taller, velamiento y responsabilidad por la
productividad del trabajo.
K- Llevará los siguientes controles:
1.-Una libreta de orden alfabético donde consten los
siguientes datos: nombre y apellidos, dirección
exacta, oficio, edad, si padece alguna enfermedad, y
al reverso le señalará los pases otorgados y las
cortes disciplinarias a que fue sometido.
2.-Llevará los pases otorgados.
3.-Llevará un file con todas las actas de la Corte
Disciplinaria.
4.-El control del salario y el descuento de la comida.
5.-Control de la producción de acuerdo con la norma
establecida.
L-Velar por el buen funcionamiento de la cocina para que
los alimentos sean bien cocinados.
M-Velar que se cumpla lo establecido en el menú.
N-Dar cuenta al Consejo de Dirección de todo lo
concerniente a su frente de trabajo.
Ñ- Trabajarán por el mejoramiento y embellecimiento del
albergue y su área sembrando árboles frutales, limpiando
basuras y escombros.
De las funciones del responsable de brigada:
1.Será el encargado de organizar el personal para el
desarrollo del trabajo designado.
2.Velará por que los instrumentos de trabajo se conserven
en buen estado.
3.Propugnará y velará por la práctica y desarrollo de la
mejor productividad de la brigada.
4.Dará cuenta al jefe del albergue, al Consejo de
Dirección de todo lo concerniente a su frente de trabajo.
De las funciones del responsable de orden, disciplina e
higiene:
1.Velará por que se mantenga dentro del albergue el más
estricto orden, disciplina e higiene.
2.Que no exista desorden en el dormitorio, baño etc.
3.Que no se hable en voz alta en horas de silencio.
4.Que se mantenga una absoluta limpieza en la cocina,
comedor, dormitorios, baño y servicios.
5.Que se efectúe como mínimo una limpieza general una vez
a la semana.
6. Que vele y exija por la higiene del personal (baño,
pelado y afeitado).
7.Dará cuenta al jefe de albergue y al Consejo de
Dirección de todo lo concerniente a su frente de trabajo.
8.Velará por el orden y la formación para el desayuno,
almuerzo y comida.
De las obligaciones de los miembros de la brigada:
1.Los miembros de la brigada (albergue) están obligados a
desempeñar las labores a ellos encomendadas, rendimiento
al máximo de productividad y calidad.
2.Cumplir la disciplina establecida.
3.Mantendrá la higiene y el aseo en su persona, en la
ropa de vestir y en su cama.
4.Mantendrá en las relaciones con la población civil un
trato decente y correcto.
5.Las relaciones con sus compañeros de albergue serán de
respeto y buen trato guardándose entre ambos recíproca
consideración y respeto mutuo.
6.Tendrá un absoluto respeto al jefe del campamento y al
Consejo de Dirección.
7.Cumplirá a cabalidad las instrucciones y disposiciones
del Consejo de Dirección.
8.Cumplirá de modo estricto el reglamento.
De los derechos que tendrá:
1.Tendrá visitas de sus familiares todos los domingos en
el caso de que se hayan prohibido los pases por órdenes
superiores.
2.Podrán escribir y recibir correspondencia libremente.
Lo que está prohibido hacer en el albergue:
1.Bebidas alcohólicas.
2.Medicamentos que contengan drogas o estimulantes.
3.Tener algún animal o aves de corral.
4.Tener vehículos particulares.
Otras:
A- HACER LLAMADAS TELEFÓNICAS (OJO)
DISPOSICIONES FINALES:
Existirá este horario para el albergue que será de
estricto cumplimiento:
Levantarse…………………………………………… 05:00 a.m.
Formación y pase de lista…… 05:15 a.m.
Desayuno………………………………………………… 05:20 a.m.
Salida para el trabajo…………… 05:45 a.m.
Retirada del trabajo………………… 11:00 a.m.
Descanso
Salida para el trabajo…………… 14:00 p.m.
Retirada del trabajo………………… 17:00 p.m.
Baño
Comida……………………………………………………… 18:00 p.m.
Silencio………………………………………………… 22:00 p.m.
Este horario podrá ser variado de acuerdo con las
características del lugar y el tiempo, así como las
necesidades de trabajo. El salario será por brigada, es
decir, el total del salario devengado por la brigada será
dividido entre el número de componentes que la integren.
El personal de servicio, cocina, etc., será pagado por el
I.N.R.A. Los gastos serán individuales, salvo la comida y
el desayuno que se pagarán colectivamente.
Las Cortes Disciplinarias se harán semanalmente en horas
que no afecten la producción.
Las sanciones que podrán imponer las Cortes serán las
siguientes:
1.- Suspensión del pase.
2.- Recargo de actividades en la cocina, limpieza,
chapeas del batey, esto después de las horas de trabajo
normales.
3.- Dará cuenta al D.O.P. si las faltas son graves o
reiteradas.
Las Cortes constituyen el jefe de albergue y tres de los
mejores dentro de ellos, designados por una reunión.
Como político en el trato con esa masa, debe
responsabilizarse al colectivo con la conducta individual
de sus miembros.
Cuando en algún albergue se cree una situación crónica en
cuanto a disciplina, productividad o calidad, todos por
igual recibirán las consecuencias, buscando el objetivo
de que todos se preocupen por el cumplimiento del deber
de cada cual.
Las horas extras que se trabajen lo harán cuando exista
una conciencia para ello, pero se podrá cobrar. (Esto se
refiere cuando la actividad a realizar no esté normada).
Es decir, está prohibido totalmente el cobro de horas
extras en los albergues.
Los albergues deberán estar ubicados en granjas y salvo
excepción y únicamente en última instancia trabajar para
particulares.
El jefe del albergue coordinará con el regional del
MINSAP (Ministerio de salud Pública) para que por ese
organismo se atiendan los casos de enfermedad que se
presenten, así como que se hagan los reconocimientos
necesarios para determinar en algunos casos padecimientos
físicos.
El jefe regional de fuerza de trabajo coordinará con el
regional del MINSAP la atención en los casos de
enfermedad.


PATRIA O MUERTE
VENCEREMOS
VIVA LA OFENSIVA REVOLUCIONARIA
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Isidro Masa Gil
J. Sector # 1 Min-Int
Esmeralda

Este Reglamento para Campamentos de Apátridas fue
reproducido en el libro Diario para Uchiram, de Julia
Miranda (Verbum, Madrid, 2008), pp.232-238.

Se publica por cortesía de la autora.

La Isla del Nunca Jamás. Lo que desconocen los jovenes de Hoy

La Isla del Nunca Jamás | Diario de Cuba

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La Isla del Nunca Jamás

Manuel Zayas
|

Rehenes y apátridas. De cómo Fidel Castro acabó con el derecho del pueblo cubano de entrar y salir del país. El período 1959-1980.

Fotograma del filme 'Memorias del subdesarrollo', de Tomás Gutiérrez Alea: decomiso de relojes y sortijas a los que abandonan el país. (MANUEL ZAYAS)

El 9 de enero de 1959, el autoproclamado "gobierno provisional de la Revolución" se sacó de la manga una ley para controlar los movimientos de los ciudadanos cubanos al extranjero, una medida inconstitucional que fue el preámbulo de las que vendrían después y que regularían y eliminarían de tajo el derecho a la libre circulación.

Sancionada hace 53 años bajo el título de "Vigencia de pasaportes", la Ley No. 2 decía: "Es necesario a los propios efectos y principios de la Revolución, evitar que personas comprometidas con el régimen anterior, autores de delitos comunes traten de abandonar el territorio nacional con el fin de evadir la acción de la justicia, dictándose al efecto las medidas oportunas para evitar que así suceda".

A los pocos días, aquella disposición fue enmedada por la Ley No. 18, y obligaba a lo siguiente: "Todo ciudadano cubano poseedor de Pasaporte válido expedido por el Ministerio de Estado, que se proponga trasladarse al extranjero, deberá obtener una autorización al efecto, que le será concedida por el señor Jefe de la Policía Nacional". [El énfasis en esta y otras frases es del autor del artículo.]

Bajo el pretexto de impedir la evasión de criminales del régimen de Fulgencio Batista, toda la población cubana pasó a ser sospechosa de colaboracionismo. Al jefe de la policía se le otorgó una autoridad desconocida hasta entonces, la de autorizar (o no) los viajes al extranjero. (Estaban exentos de esa autorización los portadores de pasaportes diplomáticos emitidos después del 6 de enero de 1959.)

A ojos vista, la medida era contraria a la Constitución de 1940 que, en su Artículo 30, consagraba como un derecho fundamental la libertad de circulación. "Toda persona podrá entrar y permanecer en el territorio nacional, salir de él, trasladarse de un lugar a otro y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte u otro requisito semejante, salvo lo que se disponga en las Leyes sobre inmigración y las atribuciones de la autoridad en caso de responsabilidad criminal".

Y continuaba ese artículo constitucional: "A nadie se obligará a mudar de domicilio o residencia sino por mandato de autoridad judicial y en los casos y con los requisitos que la Ley señale. Ningún cubano podrá ser expatriado ni se le prohibirá la entrada en el territorio de la República".

La Ley No. 2 fue aprobada por el Consejo de Ministros, con el presidente Manuel Urrutia a la cabeza. Sin cargo alguno en aquel primer gabinete gubernamental, pero con gran apoyo popular, Fidel Castro ejercía un poder a la sombra de aquellos ministros. Según un decreto de Urrutia, Castro ostentaba el título de Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire.

Las promesas del gobierno provisional de celebrar elecciones y de reinstaurar el orden constitucional —quebrantado con el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952— cayeron en saco roto. Disuelto el Congreso y el Senado, el Consejo de Ministros quedó como única instancia legislativa: el 7 de febrero de 1959 sancionó la Ley Fundamental, que derogó la anterior Carta Magna, inservible desde los primeros días de enero.

Entre las principales modificaciones: se instaura la pena de muerte con efectos retroactivos para criminales y cómplices del anterior régimen (antes estaba contemplada solo para delitos militares en tiempos de guerra y proscrita para delitos políticos), se aprueba la confiscación de bienes a esas personas y para los autores de "delitos contrarrevolucionarios" y con fines sociales . El habeas corpus, garantía jurídica de libertad del individuo frente a las detenciones arbitrarias, fue suspendido por 90 días.

Pese a todas las modificaciones, el Artículo 30 de la Constitución de 1940 fue mantenido intacto. La Ley Fundamental seguía reconociendo la libertad de circulación como un derecho del pueblo cubano aunque, en la práctica, el ejercicio de ese derecho estaba truncado por la decisión de una maquinaria policial, facultada ahora para autorizar los viajes al exterior.

Los conflictos dentro del propio gobierno llevaron a José Miró Cardona a presentar su dimisión como primer ministro. Desde el 17 de febrero lo sustituiría Fidel Castro. Pocos meses después, las tensiones seguían. Entonces Castro presenta su dimisión, argumentando que el presidente Urrutia demoraba la firma de las nuevas leyes revolucionarias.

Forzado a renunciar por las protestas populares de respaldo a Castro, el 17 de julio Urrutia dejó su puesto como presidente. Su cargo como representante del Estado lo ocuparía Osvaldo Dorticós. Fidel Castro seguiría al frente del gobierno.

Una ley trampa

Los usos que se le dió a la Ley No. 2 excedieron los mismos límites de esa disposición. Se trataba, en efecto, de una ley trampa. Paradójicamente, dos de los antiguos miembros del primer gabinete del gobierno provisional y votantes de aquella ley, también serían víctimas de su aplicación. Solo obtendrían garantías para abandonar el territorio cubano después de solicitar asilo en las embajadas latinoamericanas en La Habana.

Ese fue el caso del ex primer ministro Miró Cardona, quien el 5 de junio de 1960 se refugió en la embajada de Argentina, y también el del ex presidente Urrutia, que en abril de 1961 se asiló en la de Venezuela. Tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Caracas y La Habana, Urrutia fue trasladado a la delegación diplomática de México, donde permaneció hasta 1963 a la espera de un salvoconducto que le permitiera salir del país.

El asilo político quedaba como único garante de la libertad de circulación. Con la nacionalización de la prensa en 1960, José Ignacio Rivero, dueño del conservador Diario de la Marina, debió refugiarse en la embajada de Perú. Temía que el "entierro simbólico" con el que se proclamó la muerte de su periódico se tradujera en una muerte real. La suya, claro está. Por su parte, Miguel Ángel Quevedo, propietario de la revista Bohemia, buscó refugio en la delegación venezolana.

En septiembre de 1960, los consulados cubanos recibieron una orden del Ministerio de Relaciones Exteriores. Se les instaba a contactar con los ciudadanos bajo su jurisdicción para que regresaran a la Isla. Quienes se nieguen, serán catalogados como "contrarrevolucionarios".

Así le sucedió por aquella fecha al escritor Severo Sarduy, becado en París, cuando comunica su intención de no regresar. Su hermana Mercedes Sarduy recuerda: "A partir de este momento es considerado un traidor contrarrevolucionario (adjetivos con los que 'acuñaban' a todo aquel que no viviera en Cuba o que no simpatizara con el sistema)".

El escritor viviría su propio limbo jurídico. En 1963, según su hermana, Severo Sarduy "tiene problemas con la renovación de su carta de residencia francesa y posteriormente, con la prórroga de su pasaporte cubano que quedó en un limbo, para siempre, entre las paredes del consulado cubano en Francia. Nunca se lo devolvieron".

Algo similar le ocurrió a la cantante Celia Cruz. Su pasaporte fue cancelado en octubre de 1960 por funcionarios del consulado cubano en México. Dos años después, las autoridades diplomáticas que debían representarla le negarán autorización para que pueda entrar a Cuba. Celia Cruz no podrá viajar a La Habana para asistir a los funerales de su madre.

En la mañana del 5 de agosto de 1961, los periódicos cubanos —ya bajo control del gobierno— anunciaron el cambio obligatorio de billetes, una medida que se había mantenido en el mayor secreto y que se haría efectiva en las siguientes 48 horas (6 y 7 de agosto). Debajo de los grandes titulares de la noticia, se podía leer : "Cerrado el país a la entrada del exterior durante esos dos días" (diario Hoy) y "Prohíben entrar al país durante esos dos días" (diario Revolución).

El Muro de Fidel Castro

En 1961, tras la ruptura de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE UU, y unos días antes del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, el Máximo Líder proclamó el carácter socialista de la revolución. Para entonces, Castro ya tenía militarizado el país entero. Controlaba la administración de la justicia y cada institución civil. Había acabado con los partidos políticos, y nacionalizado la enseñanza, la prensa, la banca y las grandes empresas. Era el administador supremo del terror revolucionario.

El 5 de septiembre de 1961, el dictador amenazó con algo insólito: anunció que se le retiraría la nacionalidad cubana a todos los profesionales de la salud, técnicos y profesores que abandonaran el país. Esa medida draconiana había sido puesta en práctica un año atrás, pero permanecía en secreto.

El éxodo creciente de profesionales significaba una sangría para el nuevo régimen. En su discurso de clausura del Congreso Nacional de Alfabetización, Castro dijo sobre los médicos: "El que en esas [estas] circunstancias abandone hoy a su enfermo, ese, ese es un miserable, a ese no le debemos dar chance nunca más de volver a este país; a esa gente hay que quitarle la ciudadanía, hay que quitarle la ciudadanía (APLAUSOS) porque esa gente algún día va a mendigar aquí, a las puertas de este país que la dejen regresar".

Y continuó: "Cuando esa gente se indigeste de yankismo y cuando esa gente esté cansada de desprecios y de malos tratos, (…) llegará el día en que vengan a tocar aquí todos esos técnicos, a las puertas de este país, ingenieros, arquitectos, médicos, profesores, vendrán a tocar a las puertas de este país, pidiendo que los dejen entrar, y ese es el momento en que nosotros tenemos que ser duros (APLAUSOS), y yo creo sinceramente, nosotros sugerimos, y somos partidarios, de que seamos duros con esa gente".

Graduado en derecho —y sin nada ni nadie que le pusiera freno—, Castro era libre para inventarse conceptos absurdos de nacionalidad. Y de ponerlos en práctica: "Es decir que a esa gente le digamos: 'No, cubano no es el que nació aquí, cubano es el que ama este país, cubano es el que lucha por este país, cubano es el que defiende este país'".

En otro momento de su discurso, el dictador volvió a retratarse : "¿Qué van a hacer?, ¿vivir en la casa que le corresponderá a un obrero? ¡No! (El público corea: '¡No!') ¿Disfrutar de las riquezas que han creado y crearán nuestros trabajadores? ¡No! (El público corea: '¡No!') Ellos no tendrán ese derecho, y ese será el castigo duro, el castigo implacable que recibirán por su traición".

Para el 28 de septiembre de 1961, el Máximo Líder se reservará sus instrucciones a la población de cómo actuar con los que se van del país, y llama a "la vigilancia en las casas", labor que deberá desempeñar cada miembro de los Comités de Defensa de la Revolución, diseminados en cada barrio.

Dijo Castro: "Los parásitos que se van a veces traen a un parientico o traen a un amiguito para la casa, y, ¡de eso nada! No señor. Hay que vigilar para cuando ya ustedes los vean vendiendo máquina, muebles, etcétera, y ya se sabe que se van, nosotros tengamos la planilla. Y esa casa —lo advertimos— será para una familia obrera. El que se mude para la casa de un parásito que se vaya, ¡que sepa que después tiene que dejar la casa! (Aplausos), el que se mude para la casa de un parásito, que esas casas son para los obreros".

Las listas negras

Al día siguiente, el 29 de septiembre de 1961, el Ministerio del Interior (MININT) dictó una disposición contraria al Artículo 30 de la Ley Fundamental. Mediante la Resolución No. 454, se implantaba el permiso de salida y los tiempos de estancia que los ciudadanos cubanos podían permanecer en el extranjero, quienes, de no regresar en los términos establecidos, serían considerados emigrantes definitivos y se procedería a confiscar todos sus bienes, sin derecho a indemnización.

Pese a las críticas a esa disposición del MININT, que no era un organismo facultado para ordenar la confiscación de propiedades, el gobierno promulgó un texto más restrictivo, la Ley No. 989 de 5 de diciembre de 1961 (vigente en la actualidad), que reglamenta "las medidas a tomar sobre los muebles o inmuebles, o de cualquier otra clase de valor, etc. a quienes abandonan con imperdonable desdén el territorio nacional".

La nueva norma estableció lo que sería el permiso de salida y el de entrada, y reguló la confiscación de bienes al emigrante definitivo, sin derecho a compensación. Aunque contraria al ordenamiento jurídico, esa ley había levantado un muro infraqueable. Todos los ciudadanos eran rehenes de un sistema totalitario. De golpe, los cubanos en terceros países comenzaron a ostentar una nacionalidad inefectiva, la del apátrida, sin derecho a residencia y tránsito en su propio país.

La huida de batistianos y de miembros de la mediana y alta burguesía, perjudicada por las nacionalizaciones, le había servido al gobierno cubano para politizar el tema migratorio y desprestigiar a la emigración cubana. La Operación Pedro Pan, que sacó del país a unos 14.000 niños, había sido utilizada por los gobiernos de Cuba y EE UU para desacreditarse mutuamente. Pero lo que no estaba dispuesto a seguir permitiendo el gobierno revolucionario era el constante éxodo, ahora de profesionales.

Después de las declaraciones públicas del dictador, el deseo de querer emigrar (o haberlo hecho) comenzó a ser vigilado como razón de Estado. Pedir un permiso de salida contemplaría la muerte civil para el solicitante, cuyo nombre comenzaría a figurar en una lista negra. Todos sus bienes pasaban a ser minuciosamente inventariados y decomisados cuando se autorizaba la salida, que podía ser demorada meses o incluso años.

En su libro Diario para Uchiram (Verbum, Madrid, 2008), la escritora cubana Julia Miranda relata la odisea que significaba querer emigrar y ofrece un retrato del momento en que llegan a inventariar su casa "cuatro de los más repulsivos personajillos creados especialmente para nosotros":

"Los intrusos abrieron sus plumas y sus libros y comenzaron a apuntar, dos de ellos en los cuartos principales, deteniéndose en medio de cada habitación para mirar con ojos devoradores cada objeto, cada detalle. (…) Entré directamente hasta la cocina donde mi madre contaba, ayudada por uno de aquellos hombres, cada platico, cada tacita, cada jarro, cada cuchara. Miré sus canas y pensé que no había derecho a obligarla a realizar aquella labor…"

Y sigue la enumeración:

"Comencé, pues, a contar y dar el número exacto de mis vestidos, faldas, blusas, ajustadores, bloomers, medias, etc. Finalmente, y después de haber terminado con todo lo de la niña, hicimos lo mismo con las sábanas, toallas, fundas, almohadas, zapatos, carteras, collares, relojes, sortijas, en fin, con todos aquellos objetos que no constituyen un mueble o aparato, pues estos ya los habían inventariado desde el principio".

Julia Miranda resume:

"Aquel día sufrimos, de modo casi irreparable, la violación de nuestro hogar y las más desagradables horas de nuestra existencia".

El Estado se consumó como institución soberana del pillaje. En un fragmento documental insertado al inicio de la película Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea, puede contemplarse cómo los funcionarios de emigración obligaban a los que abandonaban el país a dejar sortijas y relojes… Se suponía que esos pequeños objetos irían, también, al Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.

Crisis migratoria y conflictos con EE UU

A pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas, Cuba y EE UU seguían enlazados por vuelos comerciales. En respuesta a las nacionalizaciones de empresas norteamericanas en la Isla y hacia 1962, durante el mandato de John F. Kennedy, el embargo estadounidense contra Cuba llegó a ser casi total. En octubre de 1962, durante la Crisis de los Misiles, el gobierno norteamericano suspendió los vuelos regulares entre las dos naciones. Ya para entonces, habían salido de la Isla más de 270.000 personas.

Molesto por la cantidad de cubanos que abandonaban el país irregularmente —lo que figuraba (y figura) como un delito penado con varios años de cárcel—, el Máximo Líder acusó a EE UU de promover la emigración ilegal.

En su alocución del 28 de septiembre de 1965, Castro dijo que la emigración ilegal era utilizada para hacer "una incesante propaganda contra la Revolución, para contar cosas terribles, tenebrosas. A ellos no les ha importado que más de uno se haya ahogado. ¡Eso les importa un bledo a los imperialistas, si les sirve para hacer propaganda!".

"Podríamos habilitar (…) el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea, con todas las garantías, avisando con tiempo por correspondencia. Y si no puede, que se dirija entonces, la correspondencia la pueden dirigir al Ministerio del Interior, sí, para que tenga todas las garantías; y si quieren, 48 horas de permanencia en el puertecito, para que una vez allí les avisen a los familiares que los vienen a buscar y se los lleven por un medio seguro", aseguró.

La provocación de una emigración masiva sería la táctica del dictador para forzar a EE UU a la negociación migratoria, estrategia que emplearía también con sobrado éxito durante el éxodo del Mariel (1980) y la Crisis de los Balseros (1994).

El puente marítimo Camarioca-Florida comenzó el 3 de octubre y terminó el 15 de noviembre de 1965, cuando los dos países acordaron poner fin a la emigración ilegal y establecer lo que se conoció como los Vuelos de la Libertad (1965-1973).

En las negociaciones migratorias entre Washington y La Habana salió a relucir una cifra: en Cuba existían más de 70.000 presos políticos. La dictadura se proponía dejarlos libres y permitirles la salida. A cambio, EE UU debía lograr la liberación inmediata de todos los cubanos presos por actividades subversivas en distintas naciones latinoamericanas y asegurar su traslado al país comunista. El gobierno norteamericano declaró que no podía negociar a nombre de otros estados.

A un año del comienzo de los Vuelos de la Libertad, el Congreso de EE UU aprobó el 2 de noviembre de 1966 la Ley Pública 89-732, The Cuban Adjustment Act, también conocida como Ley de Ajuste Cubano, que permitiría a los refugiados cubanos ajustar el estatus migratorio al de residentes permanentes.

Campos de concentración y Campamentos de Apátridas

Como el Ministerio del Interior tenía noticias de qué cubano era desafecto o un apestado, se implantó el trabajo obligatorio como forma de reeducación. "El trabajo los hará hombres", era el cartel que aparecía a la entrada de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), los campos de concentración que el gobierno castrista creó el 19 de noviembre de 1965, a los pocos días de cerrarse el puerto de Camarioca.

En los tres años que duró aquel experimento, por allí pasaron unos 25.000 hombres, básicamente jóvenes en edad militar, entre los cuales había religiosos, homosexuales y hippies, los nuevos apestados del sistema totalitario. "Las alambradas, las torres de vigilancia, y los barracones son análogos a los que popularizaron Lenin, Stalin y Hitler". Son palabras del sacerdote católico Carlos Manuel de Céspedes.

Paralalemente a la creación de las UMAP, se establecieron campos de trabajo forzado en la agricultura, en régimen paramilitar, a los cuales serían enviadas las personas que manifestaban su deseo de emigrar. El trabajo agrícola era condición para otorgar el permiso de salida, y muchos de los que intentaron evadir esos trabajos eran condenados a prisión.

En 1968, en plena Ofensiva Revolucionaria, el gobierno bautizó los campos de trabajo forzado con un nuevo nombre. Los llamó Campamentos de Apátridas y los mantendría en vigor hasta mediados de los 70. Decenas de miles de cubanos pasaron por esa suerte de gulag castrista, básicamente hombres que sobrepasaban la edad del servicio militar obligatorio. A los varones entre 15 y 26 años no se les permitía emigrar. Por lo general, las mujeres sin hijos menores de 7 años eran enviadas a granjas avícolas en un régimen menos severo.

El departamento de orden público de esos campos llevaba un estricto control de cada ciudadano, y vigilaba con especial interés "los casos de homosexualidad".

En Diario para Uchiram, Julia Miranda reproduce íntegramente el Reglamento para Campamentos de Apátridas (se incluye abajo en pdf). Cito aquí fragmentos:

"La organización de los albergues será semi-militar. Los elementos se formarán por escuadras, pelotones y compañías. (…) [El jefe de brigada] llevará (…) una libreta de orden alfabético donde consten los siguientes datos: nombre y apellidos, dirección exacta, oficio, edad, si padece alguna enfermedad, y al reverso le señalará los pases otorgados, y las cortes disciplinarias a las que fue sometido [cada miembro de la brigada]. (…) Los miembros de la brigada (albergue) están obligados a desempeñar las labores a ellos encomendadas, rendimiento al máximo de productividad y calidad".

En repetidas ocasiones, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dirigió comunicados al gobierno cubano solicitando el cese de las actividades represivas contra los que se planteaban emigrar.

El régimen de La Habana siempre respondió con el silencio, y continuó despidiendo de sus puestos de trabajo a los solicitantes de permisos de salida y enviándolos a desempeñar labores agrícolas obligatorias, con excepción de los médicos, que permanecerían en constantes guardias localizables y sin derecho reconocido al descanso.

Muchos médicos pendientes de su "liberación" vivieron en esa pesadilla durante una década. Personas de otras profesiones, incluidos los funcionarios, también afrontarían serias limitaciones para emigrar.

Los apátridas

La palabra "apátrida" ha quedado como una de las formas de insulto que peor utiza la dictadura cubana para referirse a todos los nacionales identificados como contrarios a la revolución. Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de la ONU, ese término designa "a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación".

Antes de amenazar con retirar la nacionalidad, el gobierno cubano puso en ejecución —como medida de represión política— la cancelación y retirada de pasaportes a residentes en el extranjero. Si bien esos actos no dan constancia per se de que se haya producido una pérdida legal de nacionalidad, el solo hecho de no poder contar con documentación del país del que un ciudadano es originario, colocaba a la persona en un estado de indefensión jurídica, cercana a la apatridía.

El gobierno cubano nunca ha revelado cifras de a cuántos ciudadanos les retiró efectivamente la nacionalidad, abandonándolos como apátridas. Lo que sí hay constancia es del cuño de "salida definitiva" estampado en los pasaportes de los nuevos apestados. Y también de que existieron Campamentos de Apátridas para ciudadanos cubanos dentro de su propio país.

En los años 70, la CIDH se interesó por la suerte de varias personas con doble nacionalidad por nacimiento, la cubana y la estadounidense, a los que se les impedía salir del país. Después de varios años retenidos, el régimen los obligó a renunciar a la nacionalidad cubana, como requisito para autorizarles la salida.

La CIDH emitió una resolución en la que denunció el asunto como un "caso grave y reiterado de violación de los derechos de justicia y de protección contra la detención arbitraria, consagrados en los Artículos VIII y XXV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre".

Con la Constitución Socialista de 1976, el régimen se consagró a sí mismo en el poder, y estableció la discriminación como política de Estado, intentado dar viso legal a todas las arbitrariedades ejercitadas desde los tempranos días de enero del 59. El derecho de cada cubano a entrar y salir libremente de su país, se esfumó, como por arte de magia, también de la nueva Ley de leyes.

Dispuesto a superarse siempre, el gobierno de Fidel Castro quedaba facultado para inaugurar los actos de repudio televisados y la deportación de ciudadanos. Así hizo durante el éxodo del Mariel. Desde entonces, nunca les han faltado personas indefensas a las que golpear. Ni otras a las que deportar.






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